Rwanda es un pequeño estado centro-africano en la zona de los Grandes Lagos, que limita al norte con Uganda, al este con Tanzania, al sur con Burundi y al oeste con la República Democrática del Congo, con la que comparte el lago Kivu. Fue colonia alemana y luego belga y obtuvo la independencia en 1962.
A raíz de su independencia se instauró un sistema democrático que a lo largo de los años sufrió dos golpes de estado. En 1994 tras el magnicidio del presidente al caer derribado el avión en el que viajaba, se desencadenó una terrible lucha étnica en la que cerca de un millón de Tutsis fueron asesinados a manos de los Hutus. Como consecuencia de este genocidio, unos 95.000 menores de 18 años quedaron huérfanos, de los cuales, unos 42.000 han tenido que convertirse en responsables de sus hogares. Cerca de medio millón de mujeres fueron violadas y utilizadas como armas de guerra y muchas quedaron infectadas de SIDA y con graves secuelas psicológicas.
Es el país con mayor densidad de población de África (alrededor de 340 hab/km2), que unido a la escasez de recursos naturales, provoca que esté sumido en una economía de subsistencia a la que se ve abocada el 90% de la población. Tiene una alta dependencia del exterior con unas importaciones 4 veces superiores a las exportaciones y la inflación se dispara por días.
Alrededor del 80% de la población vive en zona rural y se dedican la mayoría a la agricultura. Los recursos mineros son escasos y sin explotar. La industria está muy poco desarrollada limitándose al tratamiento de algunos productos agrícolas.
La zona donde se pretende actuar se centra en una pequeña población llamada Kiziguro, situada en la provincia Este, junto al lago Muhazi. En este lugar los Padres Blancos fundaron en el año 1930, la Parroquia de Kiziguro, que desde 1967 regentan los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y María, congregación originaria de Mallorca. La zona abarca una extensión de unos 100 Km2, con cinco núcleos urbanos principales (Kiziguro, Gakenke, Nyabisindu, Nyakayaga y Rwimitereri), divididos a su vez en multitud de minúsculas comunidades.
La superpoblación obliga al asentamiento en los lugares más inhóspitos, donde no hay acceso a los servicios más elementales, es difícil encontrar trabajo y los centros escolares quedan muy alejados. Un altísimo porcentaje de población sigue viviendo en las chozas tradicionales, o en viviendas de ramas entrecruzadas y revocadas con barro. La mayoría poseen un poco de terreno para cultivo de consumo propio o criar algún animal, pero es totalmente insuficiente. En muchos casos viven con menos de 1€ al día, llegando a pasar hambre en épocas de sequía.
Las familias tienen un promedio de siete miembros y algunas acogen a menores que quedaron huérfanos tras los enfrentamientos étnicos de 1994. Hay que andar varios kilómetros para coger agua, lo que conlleva la falta de higiene, sobre todo en los niños y la aparición de enfermedades y la desnutrición. Abunda el analfabetismo en los adultos y su casi nula preparación impide que puedan ingeniárselas en busca de soluciones para salir de la pobreza y sacar adelante a los suyos. |